Sí, las feministas también se casan (si ellas quieren). Son femeninas en sus propios términos (se arreglan para ellas, no para nosotros), adorables, inteligentes, cariñosas, y (Esther es un ejemplo claro de ello) muy empáticas.
Cocinan, trabajan, hacen labores domésticas, ven películas, estudian, trabajan, comen, beben, se ríen... vamos, son como cualquiera de nosotros, quieren que se les respete no por sus vaginas, sino porque son las personas que se suben con nosotros al metro, se forman en la fila del banco y beben café en la mesa de al lado sin meterse con los demás.
Cuando conocí a Esther, sólo supe que ella es feminista cuando me lo dijo. Nunca ha intentado ponerme en un campo de concentración, meterme en una cámara de gas o convertirme en barras de jabón. Me cocina, me apapacha, me deja ser el de siempre (con todas mis manías y caprichos), y me escucha, porque es una buena persona. Me deja ser yo.
Lava trastes, hace manualidades, sufre un poco de TOC, es madre de cuatro gatos, mantiene a raya a su marido y al duende de jardín (que bueno, ni jardín tenemos), es (muy) aficionada a los cosméticos, le gusta saber sobre derechos humanos, política y es más fan de Star Wars que yo.
En síntesis, es feminista y no es el diablo (ninguna feminista lo es). Simplemente es un ser humano que destila amor y empatía donde se para. Yo la amo.
PD. Me muerde la nariz cuando me porto mal (que es muy seguido).
Keep Rocking.
